No existe melancolía más grande de la que siento cuando miro esos trastes de plástico. Remontar esa bestia, ser ese jinete.
Sucumbir a las 16 horas, sentirme ingenuo y percibir las noches efímeras cuando no lo son.
Clarito ví que me cerrabas la puerta y no quise invadir en tu vitral porque si lo hacía evidentemente quitarías la chapa de oro y me abrirías con el horror de tu saliva.
Seguí, creí ser prudente a tus ataques y achaques con los que vistes los días cuando me ves y resignado formé un grupo de amigos que más que amigos son complices del rechazo; " los ultratumba". Sentirme pobre nada que dar a tu cerviz inmunda que sueño en cristal que no puede rayarse con las sonrisas Y quedé pobre por siempre entre las hormigas cayendo sobre el vórtice que crean cuando muere su reina.
Me retrasas, no me dejas seguir, ya que al mirarte de lejos quiero esperarte y no fingir que tu existencia sigue siendo un hecho inaprensible para mí y una llaga que resana con tus piernas mojadas entrelazadas a mis sueños.
No encierres en tu puerta la sangre y pintura que te llevaste del maletín.
martes, 7 de diciembre de 2010
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