miércoles, 13 de julio de 2016

Desperdicios y eriales vs Oportunidades y cielos

No sé si hoy es mi último día de ingeniería y el primero de literatura o siempre fue la literatura la que en su ingenio me llevó a ella. Jamás sabré si lo que escribí eran cosas que yo pensaba o cosas que pensaban por mí. No quiero saber ninguna de las anécdotas anteriores. Viviré en la inherente pena de no querer saber porque algunas cosas sólo existen y deben ser. Por otra parte rotos estarán mis mil corazones y los cien mil ojos que rodeaban el mundo de puertas y de ventanas. Todas mis salidas estarán encerradas en una burbuja de aceros, en lagunas de ácido sulfúrico y en las últimas imágenes que un poeta tiene.

domingo, 15 de mayo de 2016

Tierra negra

Para mí el mundo siempre llueve y los techos siempre han de gotear La vida nunca acaba

jueves, 8 de octubre de 2015

La poesía me ha dado todo.

Grafito

Escribí grandes poemas para mi público celular. Todos mis sentidos siempre manipularon el tiempo y espacio de mi vida. Pero, sólo tú, profanaste lo ulterior de mi pequeña casa de amor.

sábado, 26 de julio de 2014

Bosley-Godinez-Muerte

Todo era culero. Ese vato hablando de las relaciones internacionales, de patrimonios culturales, de compra y venta de bienes, de recursos materiales. El que estaba a mi lado, citando a Pacheco, la de a un lado de él citando a Jodorowsky. Y ese vato no dejaba de hablar de relaciones, de putas relaciones internacionales. Yo pensando en Alejandro, me dijo que por respeto a mi nación no fuera, pero fui. Porque soy inquieto, porque necesito más. Por ego, claramente. Hablaban de estar en contacto con los suyos, con la cultura. Pinche basura. Nomás basura. Y pensar que me bañé ese día. Había cinco morras que no me quitaban los ojos de encima. Me rasuré y las morras no me quitaban las piernas de encima. Me puse a hablar y las morras no me quitaban la boca de encima. Yo pensando en cómo chingaos hicieron los jardines de Babilonia, no mames, se han de haber tardado años cabrón. Pero ese pendejo no se callaba y sabía en ese momento, ese pinche momento, que no tuve que haber ido. Ingrid se fue. Beto también. Pinches suertudos. Yo no sé decir que no. Ni salirme en medio de algo. En ese momento supe que mi credibilidad, si alguna vez la tuve, la perdí. Y lo siento. Porque tendré que escribir. Escribir de cómo perdí mi reputación antes de tenerla. De cómo quemé mis poemas antes de publicarlos. De cómo pensaba leer en frente de cientos de personas, sabiendo que cualquiera podría haber escrito mejor que yo. Mejor que yo. Ésa es la palabra. Mejor. Mejor que yo parafraseando a Nerudita en las canchas cuando Isla Negra parecía más cercana, mejor que yo haciendo poemas en servilletas en los quince años de mis primas. Cualquiera mejor. De eso no queda nada. Para qué le escribo, si su corazón es un comité del PRI, sucio y promiscua. Vanidoso y desmembrado. A qué me quedo, suspirando por leer al pecho de los sordos. A qué.