Yo recuerdo mis palabras. Las recuerdo más ahora porque se cumplen.
Fuí el profeta de tu aún corta línea vital. De tus pasos. Yo quité las rocas, limpié la escarcha. Y fruncí cada desperfecto (perfectamente).
Y he aquí mi piel. Cansada del martirio que no existe. Que se eleva a mi mente como una burbuja.
Sólo existe algo maldito. Un hoyo en todo este tul de oro rojo.
Llevaste letras, cobijas, especulaciones.
Me dejaste agujeros.
y tus ojos prometieron una daga de plástico.